“Tenemos la bomba de neutrones” Historia del punk de L.A.

tenemoscover_altaSeñoritas y señoritos: ya está en todas las librerías –vía MUNSTER BOOKS y en versión castellana perpetrada por Chris Bongers y por mí– el excelente “TENEMOS LA BOMBA DE NEUTRONES”: una divertidísima historia oral del punk de Los Ángeles que revisa los años en que el movimiento explotó en la capital del estado de California. El libro se inicia  con un repaso a la influencia que en las posteriores bandas punk tuvieron el glam y gente como los Doors, Bowie y los Stooges, para centrarse después en los grupos que surgieron alrededor del MASQUE y otros míticos clubes angelinos: The Weirdos, The Screamers, The Germs, The Dickies, The Zeros, X… Documento imprescindible para comprender asimismo la aparición de géneros aledaños al punk como la New Wave, el Power Pop y el Hardcore, y para hurgar en la intrahistoria de un montón bandas tales que las Runaways, las Go Go’s, los Plimsouls, los Red Kross, Social Distortion, Circle Jerks, TSOL… Más de 400 páginas de jugosas declaraciones acompañadas de fotografías y trufadas de sexo chungo,  drogas adulteradas y primoroso Rock and Roll.

Particularmente y como traductor, debo decir que lo más excitante ha sido intentar estar a la altura del discurso de ese  manipulador visionario y despreciable llamado Kim Fowley. El libro está plagado de intervenciones suyas, a cual más hiriente y desternillante.

KIM FOWLEY: Y debo hablar de aquella diosa guarra, Gerber, el “caniche sexual” de los Germs. Siempre la llevaban a rastras de un lado para otro. Gerber era como Sandra Dee cruzada con Leslie Caron, llevado ese cruce a una peli porno de caniches franceses. Yo pensaba que disponer de chicas de semejante belleza bacteriológica era algo muy importante. Pensé: “Estos tíos van a ser grandes, están rodeados de chochos sucios, los chochos sucios adoran sus pollas pestilentes y su mierda”. Siempre me han gustado los grupos que iban por ahí rodeados de mujeres guarras, como era el caso de los Germs. Atraían a chicas blancas y rellenitas del Valley, de las afueras, de las playas, de South Bay, de Orange County, cerdas acomodadas que no querían casarse con un médico o un abogado, las futuras granjeras de Estados Unidos, las futuras profesoras de colegio de Estados Unidos. Esas tías querían que les mearan encima, que les cagaran encima y les pegaran palizas y las tirotearan y las deshonraran, querían que todo eso les sucediera en Hollywood y allí estaban los Germs para hacerlo. Ése era el atractivo de los Germs. Oías discos de los Germs en las fiestas, en el programa de Rodney, ibas a las tiendas punk o a tiendas raras de bisutería y oías su música, en todas partes. Era la banda sonora necesaria para pillar un chocho bien sucio y, si eso era lo que querías, tenías que aguantar la música de los Germs. Con los Germs sonando de fondo, follar se convertía en: “Oye, ¿has acabado de potar? ¿Sí? Ahora te voy a follar por el culo y luego tu novia me puede potar encima y después podemos hacer un trío y entonces te daré unos azotes y sangrarás un poco y a continuación derramaré mi lefa en tu sucio agujerucho por segunda vez”. Y la respuesta que seguía era: “Oh, está bien, pero ahora no, me está esperando mi mamá”. Y lo siguiente era: “Oh, vale, ¿y tu perro? ¿Me puedo follar a tu perro?”. “¿De verdad te apetecería?”. Ya sabes, en ese tipo de ambiente la música de los Germs era imprescindible. Sexo de retrete, cultura de retrete, rock de retrete. El rock de retrete tiene a su propio Elvis: Darby Crash.

Brendan Muleen & Marc Spitz We got the neutron bomb. The untold story of L.A. Punk

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