El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Stevenson)

Traducción que publicó la Editorial Treviana en el año 2010. Stevenson es sin duda uno de los más grandes escritores de todos los tiempos y esta novela corta una de sus obras más perfectas, un prodigio técnico que ha aficionado a la lectura a millones y millones de personas. Traducirla fue todo un reto y lo que se dice un auténtico gustazo. Y la edición de Treviana es una preciosidad.

Fragmento:

9788493666088“Bien, todo sucedió de la siguiente manera –continuó Mr. Enfield–. En cierta ocasión iba yo caminando de vuelta a casa, quién sabe de dónde venía, hacia las tres de una negra madrugada de invierno, y mis pasos me llevaron a una parte de la ciudad donde no podía verse absolutamente nada salvo las farolas. Recorrí calles y calles, la ciudad entera dormía, calles y más calles iluminadas como en una procesión y desiertas como una iglesia, hasta que alcancé ese estado de ánimo en que un hombre escucha y escucha y empieza a desear que aparezca un policía. De repente pude ver dos figuras: la de un hombre bajo que caminaba cojeando con prisa en dirección este, y la de una chica de ocho o diez años que corría por una bocacalle tan rápido como le permitían sus piernecillas. Pues bien, al llegar a la esquina, como era natural, chocaron el uno con el otro. Y ahora viene la parte horrible de la historia, pues el hombre, tras atropellar a la niña, que quedó tendida en el suelo llorando, siguió su camino sin inmutarse. Al contarlo así parece que no fue nada, pero visto resultó verdaderamente terrible. No parecía un hombre, sino un maldito Juggernaut. Lo llamé varias veces, eché a correr, lo agarré del cuello y lo llevé de vuelta adonde estaba tendida la niña, alrededor de la cual ya se había reunido un grupo de gente bastante numeroso. El hombre estaba completamente tranquilo y no opuso resistencia, pero clavó en mí una mirada tan espantosa que me hizo ponerme a sudar. Los que allí se habían reunido eran familiares de la niña, y en seguida llegó también el médico, a quien alguien había ido a buscar. Al parecer, según aquel matasanos, la niña no tenía nada, simplemente estaba asustada. Pero no pienses que todo terminó ahí, pues entonces ocurrió algo curioso. Desde el primer momento, aquel hombre había despertado en mí un profunda aversión, y lo mismo les había sucedido a los parientes de la niña, como es lógico. Pero fue la actitud del médico lo que me sorprendió. Éste se ajustaba al tipo corriente de matasanos, de edad y aspecto indefinidos, con un fuerte acento de Edimburgo y la misma sensibilidad que un pisapapeles. Pues bien, él parecía sentir lo mismo que nosotros; cada vez que miraba a mi prisionero, el médico se ponía enfermo y palidecía de deseos de matarlo. Yo sabía lo que pasaba en esos momentos por su cabeza del mismo modo que él sabía lo que pasaba por la mía, y como matarlo era algo que no nos podíamos plantear seriamente, hicimos lo que pudimos dadas las circunstancias. Le dijimos que convertiríamos aquello en un escándalo y que nos aseguraríamos de que todo Londres supiera de la deshonra de su nombre, y que si tenía amigos o una reputación por la que velar, nos ocuparíamos de que los perdiera. Mientras tanto, a medida que los ánimos se iban calentado, teníamos que ocuparnos de mantener a las mujeres apartadas de él, pues estaban tan furiosas que parecían arpías. Nunca antes había visto un grupo de rostros tan encendidos por el odio, y en medio estaba aquel hombre mostrando una frialdad funesta, un desdén repulsivo. Aquel tipo también tenía miedo, pude advertirlo, pero cargaba con él como lo haría el mismísimo Satanás.”

R.L. Stevenson The strange case of Dr Jekyll & Mr Hyde

 

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