EL CUADRO DE DORIAN GRAY (Wilde)

En el año 2009, tuve la suerte y el placer de traducir “El cuadro de Dorian Gray” de Oscar Wilde para la Editorial Treviana. Wilde es uno de mis autores favoritos, y la novela uno de los libros que más me marcaron como lector cuando cuando me sumergí en ella de adolescente. Traducirla fue un trabajo gigantesco y fascinante, amén de un deseo cumplido.

Ahí va un fragmento:

retrato-de-dorian-grey“Son pocos entre nosotros los que no se han despertado alguna vez antes del alba, en una de esas noches sin sueños que casi hacen que nos enamoremos de la muerte, o en una de esas noches de horror y alegría desfigurados en que fantasmas más terribles que la propia realidad se arrastran por las galerías de nuestro cerebro, moviéndose por instinto con esa vida intensa que habita todo lo grotesco y que presta al arte Gótico su vitalidad imperecedera, dado que este arte, como puede imaginarse, es el arte propio de aquellos cuyas mentes se han visto afectadas por el mal de la ensoñación. Unos dedos blancos se dibujan lentamente detrás de las cortinas y las hacen temblar. Unas sombras silenciosas, de formas negras y fantásticas, se arrastran hasta los rincones de la habitación y se agazapan. Afuera se escucha el rebullir de los pájaros entre las hojas, o un ruido de hombres que se dirigen al trabajo, o el suspiro ululante del viento bajando de las colinas y dando vueltas a la casa silenciosa como si temiera despertar a los que duermen y necesitara, sin embargo, hacer salir al Sueño de su cueva de negror púrpura. La gasa inconsútil y oscura se retira, un velo tras otro, y las formas y los colores resurgen gradualmente en las cosas, y contemplamos el alba devolviéndole al mundo su antiguo aspecto. Los pálidos espejos recuperan su vida mimética. Las velas apagadas siguen donde las habíamos dejado, y a su lado descansa el libro entreabierto que estuvimos estudiando, o la flor prendida en su alambre que lucimos en el baile, o la carta que nos dio miedo leer o que leímos tantas, demasiadas veces. Nada parece haber cambiado. De las sombras irreales de la noche resurge la vida real, tal y como la conocimos. Hemos de reanudarla allí donde nos habíamos quedado, y entonces se apodera de nosotros la sensación horrible de tener que seguir girando en la noria extenuante de los hábitos estereotipados, o el deseo salvaje de que nuestros párpados se abran una mañana a un mundo que ha sido remodelado en la oscuridad para placer nuestro, un mundo bautismal, rociado de frescura en las formas y en los colores de las cosas, que serían otras, o esconderían otros secretos, un mundo sin apenas lugar para el pasado, que en caso de subsistir jamás adoptaría el carácter de la obligación o del pesar conscientes, porque incluso el recuerdo de la alegría desliza su amargura, como desliza su dolor la memoria del placer…”

Oscar Wilde The picture of Dorian Gray

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